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Full text of "Caras y caretas n39 12 4 1891"

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MONTEVIDEOrO 


MONTEVIDEO 


,MP - UT. LA RAZON, CALLE CERRO N.° 93 Á 97 


El nombre de escritor y de abogado 
que en su nombre de pila se condensa, 
ie tiene don Alberto por la prensa 
y por los muchos pleitos que ha ganado, 


La divisa del blanco es su divisa, 
y por ella se vá hasia el sacrificio, 
pues con tal de prestarla algún servicio 
es capaz de quedarse sin camisa. 


© Biblioteca Nacional de España 


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CARAS Y CARETAS 


310 


SUMARIO 


tkxto— «ZIg-Zag», por Eustaquio Pelllcer—«Otras segui¬ 
dillas», por Alfredo Varal—«Erases que huelgan», 
por S. y Aguirre— «Cato», por Corte y Quebrada— 
«Teatros», por Callban—«Usted dispense», por J. 
C. V. -«Para ellas», por Madarae Pollseon—«Epi¬ 
gramas», por Pablo Varzi (hijo)—«El fátuo», por 
M. M.—«Menudencias»—«Correspondencia parti¬ 
cular»—«Bxpectíiculos»— Avisos. 
gradados— Doctor Alberto Palomeque — El mundo al 
revés—Dolores Cortés—Y varios, intercalados en 
el texto y avisos, por Schütz. 



días 


empiezan á 
refrescar de una 
manera alarmante 
para los que nos halla¬ 
mos sin glandes existencias de ropa fuerte. 
Por la noche, en particular, el cefirillo su- 
se siente pasar á través de la camiseta, 
para después alojarse en el caroso, del que 
sale mas tarde convertido en catarro con 
traspiraciones húmedas por las membranas 
de la nariz. 

Este descenso de la temperatura hace que 
Montevideo, desde que don Marcelino Díaz 
sustituye á Febo, se convierta en una ciudad 
desierta. 

Las Plazas de Independencia y Constitu¬ 
ción, hasta hace pocos dias llenas de pa¬ 
seantes, vénse ahora transitadas por unas 
cuantas personas que las atraviesan á paso 
ligero siguiendo un rumbo determinado, ó 
por atorrantes que tratan de hacer la cama 
ocultándose al ojo policial. 

Por cierto que se nos ha ocurrido pen¬ 
sar muchas veces en el gran negocio que 
se podía hacer con los que necesitan dormir en 
los bancos, libres de los despertadores de 


Muró. 


Según la consigna de los guardias, solo 
pueden impedir la ocupación de esos divanes 
públicos á los que vean dormidos -en ellos. 
Pues bien; como la única señal que puede 
delatar el sueño es la de tener los ojos cer¬ 
rados, y no se puede evitar por medios na¬ 
turales el dormir con los páipados hacia 
arriba, fabricando unos ojos de cartón que 
se pudieran adaptar con una pequeña con¬ 
tracción de músculos á la órbita del ojo na¬ 
tural, por encima del párpado, podría dormir 
tranquilamente cualquiera, sin que los celado¬ 
res sospechasen lo que hacia. Todo lomas que 
se atreverían á creer, viendo la inmovilidad 
de los ojos del durmiente, es que se encon¬ 
traba' 1 contemplando la desigualdad del pa¬ 
vimento, ,ó ensimismado en profundas medi¬ 
taciones. i 

No echem esto en saco roto esos industria¬ 


les que andan á caza de negocios nuevos y 
fructíferos. 

La industria que proponemos tiene la ven • 
taja de no ser de las gravadas con los últimos 
impuestos, porque don Alcides con todo se 
metió menos con los ojos artificiales. 

La soledad en que se encuentran las calles, 
dos horas después de entrada la noche, con¬ 
trasta con la animación que ofrecen los 
teatros que funcionan; y conste que al de¬ 
cir que se ven animados, tenemos en cuenta 
la escasez de metal amonedado en que vivi¬ 
mos. 

En los teatros económicos, sobre todo, la 
juventud en estado de disponibidad, rivaliza 
en consecuencia por amor al arte y a! arte del 
amor. 

A la cazuela de San Felipe concurren á 
diario las de Mazamorra, que son tres seño¬ 
ritas no muy agraciadas, pero algo cursis en 
la apariencia y en el fondo, según el decir de 
los que las tratan. 

Van acompañadas de su mamá, especie de 
brotóla disfrazada de persona, que no hace 
durante la función mas que señalar con el 
dedo á todo el mundo y rascarse la espalda 
con el abanico por debajo del vestido. 

Apenas ocupan la localidad ya empiezan á 
poner en juego la sin hueso, recorriendo la 
vista por toda la sala. 

—Allí vienen las de Patarrenga—se ade¬ 
lanta á anunciar la mamá, indicando á las 
niñas el sitio donde se encuentran las recien 
llegadas.—¡Qué sombrero mas extravagante 
trae la mayor; parece adornado con hojas de 
alcahucil en descomposición! 

—Todas las noches vienen á ese mismo 
palco—observa una de las niñas. 

—Porque le tienen de ojito—agrega otra— 
Dicen que el que pretende á la mediana es un 
mozo que escribe en El choclo lánguido, y 
que es el que las dá las localidades. 

—¿Quién, Aristóbulo? ¡Qué ha de escribir 
ese en ninguna parte, si me han dicho que es 
mas bruto que un picaporte! Lo mas que ha¬ 
rá en esa imprenta será cebar mate y hacer 
mandados. 

—Pues él bien se las echa de escritor en 
la casa de ellas. La salida del anterior minis¬ 
terio dice que se debe á un articulo que escri¬ 
bió él sobre las finanzas en su relación con 
el clero y los caminos departamentales. 

—Mira, mira, quién entra en la platea, la 
de Mondonguillo con su esposo. 

—Es verdad; ché, parece mentira que en 
ocho dias quallevan casados se haya desme¬ 
jorado tanto. 

—Para lo que tenía que perder!.... Siempre 
ha sido esamuchacha muy enfermiza. 

—No digas; cuando la vimos hace seis 
meses tenia mejor color y estaba mas llena 
de cara. 

—Sí, hija; pero ya sabes que al padre le 
quitaron el empleo y que han estado viviendo 
mas de tres meses en la última.miseria. Misia 
Ramona, que ha sido vecina de ellos en ese 
tiempo, me ha dicho que se alimentaban con 
papel secante y obleas, que el padre conse¬ 
guía en una oficina del Estado. 

—Calla mamá, que han levantado el telón. 

—Ya está ahí ese mequetrefe que nos come 
todas las noches con los gemelos. 

—¡Pobrecillo! ¡Si se figurará que no sabe¬ 
mos que tiene sombrerería en la Union! 

—No es él el dueño; está habilitado sola¬ 
mente. 

—¡Qué fastidio de coros! No dejan oir lo 
que se habla. 

—Esta noche no han venido las de Chan¬ 
cleta.' ¿Habrán ido á Solis? 

—Sí, para Solis están las pobres. ¿Con 
qué traje quieres que vayan si no tienen mas 


que esos de color aceituna que se les están 
cayendo á pedazos de puro viejos? 

—Mamá, fíjate en los aspavientos que está 
haciendo con los ojos aquella de punzó que 
está en el segundo palco bajo de enfrente. 

—Es porque la están mirando del avan¬ 
cé de este lado. ¡Buena infeliz será si cree 
que con abrir muchos los ojos se la vá á achi¬ 
car esa boca de buzón que tiene! 

—¡Qué manera de aplaudir tan exagerada! 

—Es á la tiple. 

—Tiene muy bonita voz. 

—Sí, pero es muy gorda y no la luce lo 
que canta con ese talle tan ancho. 

—Dame el bote de los polvos y cúbreme 
con el abanico mientras me los doyo 

—Ya se ha acabado el acto. 

—Vas á beber agua, mamá? 

—Nó, voy á ver si agarro esta maldita 
pulga que me está comiendo los hombros. 
No dejes que ocupe nadie mi asiento. 


Faltan dos actos y referir todo lo que en el 
trascurso de ellos hablan las de Mazamorra, 
sería cosa de no acabar. 

No hay que decir nada del tiempo que in¬ 
vertiríamos en contar lo que dicen las demás 
espectadoras, las de la cazuela principal¬ 
mente. 

Verdad es que ir al teatro sin una tijera 
bien afilada es como ir á una iglesia, y aun 
creemos que no sirva este sitio para la com¬ 
paración. 

Con todos sus inconvenientes, los jóvenes 
enemigos de la doncellez aceptan el teatro co¬ 
mo el medio mas apropósito para pasar las 
noches y flechar de paso algún corazón sen¬ 
sible. 

Fuera de estos y de unos cuantos que van 
arrastrados por sus aficiones artísticas ¿hay’ 
quien no so aburra de noche en Montevideo? 
Ninguno. 

De ahí que la gente se ocupe tanto del Go¬ 
bierno y le siga ’ paso á paso en todas sus 
manipulaciones. ¿En qué vá á pensar uno 
desde que anochece hasta que le acomete el 
sueño? 

La ociosidad—dijo no sé quién que debía 
conocerla—es la madre de todos los vicios y 
la enemiga declarada de todos los Gobiernos. 

Dias pasados nos encontramos con un 
amigo, poco aficionado al teatro y á tener 
dinero para tomarle afición. 

—Donde pasa V. las noches ahora?—le 
preguntamos. 

—Pues mire V.; cuando no tengo na¬ 
da con qué hacerlas divertidas, me las pa¬ 
so pensando en ese asunto de la acuña¬ 
ción de medallas del Paraguay; me entretengo 
en comparar los precios presentados por los 
tres grabadores que han propuesto hacer la 
acuñación y logro pasar el rato á la vez que 
convencerme de lo poco que le importa al 
Ministro de la Guerra la fundición del Erario 
con tal de que se fundan las medallas. 


Mañana, como ya sabrán ustedes, se efec¬ 
tuará en el Teatro Cibils la función organiza¬ 
da en honor del celebrado poeta español Már- 
cos Zapata. 

La asistencia á ese espectáculo se impone 
por tres razones: 

Por ser en honor de Zapata. 

Por representarse una obra de Zapata. 

Y por conocer personalmente á Zapata. 

Es decir, por una verdadera zapatería de 
razones. 

Eustaquio Pellicer 


© Biblioteca Nacional de España 








311 



Cualqnior niño de escuela no ignora las leguas que 
hay de la tierra á la luna, y recita, como un papagayo, 
los nombres de las principales montañas de esta. 

No es esto solo. Si los sabios no han conseguido 
aun ir á las estrellas á preguntarles sus misterios, en 
cambio se preocupan en hallar los medios para reali¬ 
zar el viaje. 

Julio Verne, en una novela ingeniosa, como todas 
las suyas, ha planteado el problema de saber la dis¬ 
tancia que media entre el planeta que habitamos y su 
satélite. Para ello encierra á los atrevidos viapTOsque 
emprenden tan arriesgada aventura, en una mons¬ 
truosa bala de cañón, la cual es el vehículo que les 
conduce con una velocidad vertiginosa á través del 
espacio al logro de sus deseos. 

Antes de Julio Verne existían las narraciones mas 
ó menos pintorescas de viajes á la luna, en las cuales 
hablando de lo desconocido, hicieron sus autores 
verdaderos derroches de ingenio. Tratábase del 
mentir de las estrellas , y los escritores mentían impu¬ 
nemente, con la seguridad de que nadie iba á desau¬ 
torizarlos. En nuestros dias, que la ciencia astronó¬ 
mica se ha popularizado, no sucede lo mismo. El 
ilustre novelista citado, comprendiéndolo asi, se vale 
de sus conocimientos cientihcos para su narración, lo 
cual, sin dejar de ser inverosímil, no está por com¬ 
pleto reñido con la verdad. No todo lo que ella dice 
sncede, pero no cabe duda que pudiera suceder, si 
los problemas que hipotéticamente plantea, fuesen 
resueltos algún dia por la ciencia: De todos modos, 
en su viaje fantástico Je la tierra á la luna , su autor 
rompe con los moldes de la vulgaridad, que ha veni¬ 
do creyendo que de lejas arriba nada se sabe. 

Otra frase que hoy huelga, porque en mi humilde 
opinión tampoco tiene razón de ser, es la siguiente: 

«A largas leguas, largas mentiras.» 

Antes, cuando las comunicaciones eran difíciles, y 
las noticias tardaban en trasmitirse años enteros de 
unos países á otros, se comprende que estas llegasen 
abultadas, originando la frase en cuestión, pero hoy 
que el vapor y la electricidad han acortado las dis¬ 
tancias de tal manera que los sucesos se saben en un 
mismo dia en todo el mundo, no es fácil mentir im¬ 
punemente, sin grave descrédito de las agencias te¬ 
legráficas 

Prueba al canto. Estornuda Bismark en Berlín, y 
á los pocos segundos son llamadas á las armas las re¬ 
servas francesas; mueve en París un pié Ruiz Zorrilla, 
y en seguida se pone en movimiento la policía espa¬ 
ñola; sufre un brusco descenso la Bolsa en Londres, 
é instantáneamente cunde la alarma entre los bolsis¬ 
tas de todas partes. 

¿Qué demuestra esto? Que estamos al tanto de to¬ 
do lo que en el mundo sucede, y que por lo mismo 
no pueden llegar á nosotros, exajeradas por la dis¬ 
tancia, las noticias de hechos sucedidos pocos minu¬ 
tos antes. 

Al hablar de la rapidez de nuestros tiempos, re¬ 
cuerdo otra frase, que creo debíamos también supri¬ 
mir, ó cuando menos sustituirla por otra: 

«Sé diligente». 

Antaño, cuando las diligencias eran los vehículos 
más rápidos de transporto, me explico que se reco¬ 
mendara la diligencia á los perezosos; pero ahora que 
vivimos al vapor, la diligencia me parece muy poca 
virtud para combatir el pecado de la pereza. Con per- 
don de la Doctrina Cristiana, me atrevo á aconsejar lo 
siguiente: «Contra pereza.... ferro-carril». 

De los Estados-Unidos, por supuesto; porque pue - 
tos en parangón con los de dicho país, los nuestros 
caminan á paso de carreta. 

Otra frase que huelga y que ha sido verdad, hasta 
la invención del fonógralo es la siguiente: 

«Las palabras se las lleva el vienta». Gracias al sor¬ 
prendente invento de Edisson ya no se lleva siempre 
el viento las palabras. El fonógrafo las recoje para 
repetirla una vez y otra á nuestra voluntad, de tal 
modo que un discurso de Tulio Freire, por ejem¬ 
plo, podrá ser oido por las generaciones venideras 
como recién pronunciado. 

Si la frase hecha que acabo de citar no viene 
ya razón de ser, en cambio, debido al progreso, la 
tiene otra que hasta nuestros dias fundadamente no 
la tenia: 

«Las paredes tienen oídos.» 

Con ella nuestros padres aconsejaban el sigilo para 
hablar de cosas graves ó reservadas que pudiesen 
traerles algún compromiso, temerosos de que sus pa¬ 
labras pudiesen ser oídas por gentes extrañas ó ene¬ 
migas. La frase en cuestión era una sencilla metáfora: 
ahora es la realidad. Los aparatos telefónicos son los 
oídos de las paredes, y merced á ellos se oye instan¬ 
táneamente todo cuanto en una habitación se dice, en 
otra habitación separada de aquella por algunas leguas 
de distancia. 

Otros ejemplos parecidos pudiera citar, pero no lo 
hago por no cansar más á mis lectores. 

No dudo de que muchas frases hechas que hoy te¬ 
nemos por verdades, merced á los futuros inventos, 
serán desechadas por falsas antes del siglo XX. 

S. v Aguirre 


Otras seguidillas 


En la calle de Mercedes 
hay un rey galo, 

Que en invierno se pone 
medias de palo. 

Y á doña L ina 

le rompieron tres muelas 
en una esquina. 

Tiene cuatro perritos 
Paco Monteros, 
y de los cuatro, nueve 
son perdigueros. 
¡Malditas ratas! 
se comieron anoche 
mis alpargatas. 

La otra tarde Calino 
fué á una botica, 
á comprar calcetines 
para una chica. 

¡Y es hecho raro 
que barato se llame 
lo que no es caro! 

Se enfermaron dos hijos 
de doña Luisa, 
de ataques cerebrales 
en la camisa. 

Y hace dos meses 
qne nacieron en Francia 

dos holandeses. 


Leyendo un dramote infame 
su autor, en cierta tertulia, 
al terminar una escena 
pavorosa y tremebundi, 
en que mataba mas gente 
que mata el vómito en Cuba, 
viendo que nadie aplaudía 
los portentos de su pluma, 
al que topó más cercano 
le dirigió esta pregunta: 

—¿Ño se le erizan los pelos? 

Y el otro le dijo:—¡Nunca! 

—¡Pues será usted insensible! 

—No señor, gasto peluca. 

Corte y Quebrada 


C/tttaí) 


Por ganar una apuesta 
Juan, á unos pillos, 
se comió cuatro pares 
de calzoncillos. 

¡A mi me espanta 
tener dolor de muelas 
en la garganta. 

Está triste la esposa 
de Don Alejo, 
Porque su último niño 
murió de viejo. 
¡Dice Indalecia 
que eran ocho los siete 
sabios de Grecia! 


Romeo y Julieta, Marte ■ qRtPj 

Cine y Maitre de Forges, m JM 

son las obras que subie- \ 'áFvf 

ron á la escena de Solis j '•. 

El éxito que obtuvo la Y *' 

interpretación de ellas, \ 

es superior á todo en- ’ 

Emanuel en Romeo y 
Julieta abandona el pro¬ 
cedimiento realista para hacer una creación puramente 
poética. Su Romeo es el Romeo gentil, bondadoso, 
soñador y apasionado, á veces inflamable como la pól¬ 
vora, á veces sensible como una doncella 

La Reiter (Julieta) estuvo á la altura de F.manuel. 
Fué la cándida esposa que imaginó Shakespeare. 
Pocos papeles pueden convenir mejor á la señorita 
Reiter, que une grandes facultades trágicas á un pro¬ 
fundo sentimiento poético. 

La presentación de la obra fué inmejorable, tanto 
por las decoraciones como por el vestuario. 

La Marte Civile, el lúgubre drama de Giacommetti, 
fué un nuevo triunfo para el eminente actor Emanuel. 

El distinguido artista ha hecho un estudio acabado 
de esa producción de! teatro italiano, que ha dado 
tantos lauros á Ros i, Saivini, y todos los grandes ac¬ 
tores do esa nacionalidad. 

La escena fina! de la muerte, hecha por Emanuel 
con una verdad admirable, fué apiaudmisima por el 
inteligente público que se hallaba en la sala y que hizo 
presentar repetidas veces á Emanuel en ei palco es¬ 
cénico, saludándole entusiastamente. 

Maitre de Forges , una de las mejores comedias de 
Jorge Ohnet, satisfizo igualmente al público. 

En la última escena del segundo acto y er. todo el 
acto cuarto, Emanuel que hacia el papel de Felipe 
Derblayyla Reiterque desempeñaba el de Clara Beau- 
lieu fueron aplaudidos estruendosamente. 

Para anoche estaba anunciado Kean de Dumas. 


Alfredo Varzi 


No cabe duda que si hemos de hablar con propie¬ 
dad, precisa suprimir de la conversación algunas frases 
hechas. 

Porque dados los adelantos de la civilización, mu¬ 
chas frases, refranes y modismos que todavía usamos, 
y que en otros tiempos pasaban plaza de verdades 
inconcusas, no tienen hoy absolutamente razón de 
ser. 

Por ejemplo, nuestros antepasados, reliriéndose á 
la ignorancia en que estaban de las cosas celestes, 
decían: 

«De te¡as arriba nada se sabe». Frase que sin duda 
inspiró á un ingenio la siguiente redondilla: 

«El mentir de ¡as estrellas 
es un seguro mentir, 
porque ninguno ha de ir 
á preguntárselo á ellas.» 

En tiempo del autor de los anteriores versos, que 
¡a ciencia astronómica era desconocida de la genera¬ 
lidad, se comprende que se pudiese mentir impune- 
mente, tratándose de las estrellas. 

Hoy no sucedeJo mismo 

La esfera celeste ha sido escudriñada por el teles¬ 
copio moderno, y gracias á la potencia de sus crista¬ 
les ha aproximado á nuestro planeta los astros sepa¬ 
rados dei mismo por enormes distancias difíciles de 
salvar. 

Hoy sabemos el tamaño de los mundos que pueblan 
el espacio. Aun más: poseemos vistas fotográficas de 
los mismos. 


San Felipe vióse favorecido esta semana, como en 
las anteriores, por numerosa concurrencia, con rela¬ 
ción al estado económico porque atraviesa el pais para 
sostener tanto espectáculo. 

El martes se representó El diablo en el poder, con 
gran éxito para las señoras Cortés, Ciudad y Martí¬ 
nez y para los señores Vázquez, Romero y Martínez. 

El Molinero de Subirá cantado el miércoles, en nada 
desmereció de ia primera representación. La señora 
Cortés, Vázquez y Romero oyeron aplausos toda la 
noche. El señor Garcin que continúa afectado de la 
garganta, no estuvo á la altura de sus facultades ooc 
dicha causa, pero se hizo aplaudir en los pasages mas 
importantes ae la obra. 


© Biblioteca Nacional de España 




PARA QUE SE ENTRETENGAN Jf|ÑIÑOS MENORES DE 10 AÑOS 


© Biblioteca N&c 


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Es de fieltro flexible negro, con guirnalda de cri- 
santelmos de diversos colores, y recogida de atrás el 
ala con un grupo de tul moteado de acero, que se re¬ 
pite por delante con cresta de pluma negra. 

El sombrero se llama sombrero Cleovatra y consiste 
en una capota de crespón negra con cresta por detrás 
del mismo, y el borde, de terciopelo rojo, vá medio 
oculto por una sarta ondeada de perlas: bridas de ter¬ 
ciopelo rojo. 

Para terminar daremos á conocer dos nuevos mo¬ 
delos de trajes para salón. 

En el uno, de seda Hortensia, la falda está bordada 
alrededor de guirnaldas de flores de colores pálidos y 
drapeada de adelante alrededor del talle: el cuerpo 
igual, con draperia chal recogida en peto y abierta 
por delante y por detrás sobre plastones de encaje, 
como las mangas cortas recogidas con tazo en el hom¬ 
bro: abanico de pluma marabout 

El modelo segundo, se titula vestido de salón, gJnero 
griego y consiste en lo siguiente: 

Falda plegada de faya hoja de rosa y túnica de cres¬ 
pón de china, abierta al costado y bordada al rededor 
con greca de galón de oro Cuerpo-blusa, cayendo 
del tal'e sobre la falda, sin adorno alrededor del es¬ 
cote, pero con hombros bordados de la misma greca: 
collar de perlas y abanico de plumas. 

Madame Polisson 


el sujeto, con asombro, 
al senlir un hecho tal, 
vuelve y le dice: «¡animal! 
me ha deshecho usted nn hombro.» 

Uno, espantado, se inclina 
en vista de 3 quel revés, 
porque aquel sujeto es 
el jefe de la oficina. 

«¡Le confundí con García! 

¡palabra, que soy un bolo! 

Dispense usté, don Manolo, 
pero es que no lo sabía!» 

Y si sale un escritor 
haciendo versos perversos, 
por el autor de los versos 
usted dispense, lector. 

J. C. V 


Toros de puntas, La 
Gran Via y Las doce y 
media.... sereno, entre- 
tuvieron agradable- 
mente al público en la 
$ noche de jueves, 

gf*) siendo los mejores 

1 w J o» aplausos para las se- 

ñoras Martínez y Ciu- 
•rdár dad y para los señores 

,J Diaz y Romero. 

El viernes tuvolu- 
gar el beneficio de la 
•-ín £■'/->* primera tiple señora 

OOLORES CORTÉS E ' ^ ** 

La sala estaba repleta de concurrencia, atraida por 
la beneficiada que ha sabido conquistar la simpatía del 
público, desde que se hizo conocer en Montevideo. 

Fuera ocioso decir que la señora Cortés contó los 
aplausos por el número de cantables que tiene la obra, 
pues sobre tener una voz, juzgada inmejorable para el 
género que cultiva, la obra elegida para su beneficio 
es una de sus predilectas 

Algunos concurrentes asiduos a! Teatro San Felipe, 
obsequiaron á la señora Cortés con valiosos presentes, 
entre los que recordamos un magnifico prendedor de 
brillantes regalo de los abonados al palco núm. i. 

Pepino el SU, el popular cíown, é inimitable intér¬ 
prete de Juan Moreira dió su función de gracia el 
martes, llevando al Politeama todo el público que 
necesita su vasto salón para llenarse 

Se representó Juan Moreira con el mismo éxito de 
siempre, ademas de un monólogo humorístico que re¬ 
citó Pepino, y de los ejercicios acrobáticos que eje¬ 
cutaron los artistas de su compañía. 

ffoy se despide Podestá de nuestro público, hasta 
su regreso del Salto á cuyo punto se trasladará el lú- 
nes con toda su compañía para proseguir su gira ar¬ 
tística. 


Epigramas 


¿Qué te sucede? Estás triste. 

¿Has perdido alguna alhaja? 

Por ventura anda el alpiste 
escaso pn tu enjuta caja? 

¿Tu prima Cata murió? 

—¡Calla, mi suerte es mas negra! 

Mi casa se derrumbó 
y quedó viva mi suegra. 

Cosme Comas come tanto, 
que le dijo Pedro Lomas 
asombrado y con espanto: 

—¡Como comes, Cosme Comas! 

Pablo Varzi (hijo) 


A los trajes para niñas^Bfe-A^ri ík 
que describí en mi eró- i’fcy 
nica anterior tengo que 
agregar los siguientes, 

por ser la última expre- /wSMfc-V-' & K/ 
sion de la moda: > r H Rffl l ^T ' 

Vestido de cachemir — \ _Q 

Falda fruncida gris con V 

galón bordado en rojo y_**y I 

acero, el cual adorna el 

cuerpo en doble plaston de pico, cuello alto y puño 
de la manga. Sombrero de fieltro gris con pluma 
igual y lazada de cinta grana: medias rayadas y botas 
negras. 

Redingot de paño oliva —Está abierto en todo su lar- 

Í ¡o sobre plastón de terciopelo de igual color, como 
as mangas y cinturón, cerrado con hebilla. Sombre¬ 
ro de terciopelo verde con plumas de tono más claro: 
medias escocesas y botas negras 
Esclavina de cachemir —Es propia para niña de 4 años, 
va bordada toda de seda blanca y forrada de seda 
moteada: tres frunces recogen el vuelo en el escote 
Capota del mismo cachemir v grupo de plumas blan¬ 
cas; medias y botas blancas también. 

Entre los sombreros de bebe mas en boga figura 
uno de cachemir blanco y bullonado, que se completa 
con ála ondulada y cubierta de encaje y lazo y bridas 
de seda blanca, y otro que es de fieltro blanco y ala 
ondulada, guarnecido el borde de encaje blanco y 
enriquecido con dos grupos de plumas, blancas tam¬ 
bién. 

Ya que de sombreros hablamos, describiremos los 
dos sombreros mas elegantes de mujer que se han 
adoptado para el teatro. 

El primero se llama Cristina y es el que representa 
nuestro grabado. 


El cuarteto clasico que dirije Sambucetti dió el 
lúnes con gran éxito y numeroso cuanto inteligente 
público, su segundo concierto 

Este tuvo un aliciente musical que no tuvo el an¬ 
terior: la ejecución del concierto en re menor de Wie- 
niawki por el violinista Sambucetti. 

El aplaudido concertista de violoncello señor Mo- 
reschi, ejecutó una hermosa sonata de Bacheim. 

Los Sres. Sambucetti (Juan) y Ferroni ejecutaron 
en el violin con notable acierto todas las pie.as en 
que tomaban parte. 

El Sr. Cerezo, cuya reputación aumenta de dia en 
dia como concertista y profesor de piano, acompañó 
con este instrumento todos los números del pro¬ 
grama. 

Ca liban 


¡t que feliz es el! 

Se acuesta pensando en si mismo; mientras duer¬ 
me, sueña con sus triunfos, y se levanta sonriendo y 
regocijándose con los elogios que ha de obtener du¬ 
rante el dia. 

Cuando por las mañanas se acicala y compone para 
darse después á luz. cada prenda que se viste, cada 
dije que se cuelga, es un nuevo motivo de satisfacción 
personal. «¡Qué gusto tengo yo para las corbatas! se 
dice. ¡Qué capricho para los alfileres! Qué chic para 
ponerme las cosas! ¡Ah! los cursis.... ¡pobrecillos! 
¡Los compadezco de veras » 

(Nota del autor .—¡Qué pocos fatuos se escapan de 
ser cursis!) 

Algunos dias, el fatuo está de tan buen humor, 
que suele echarle un chicoleo á la sirvienta —«Pero, 
Ramona, ¿cuando te casas?—¡Ay, señorito, si viera 
usted qué mal anda la dase de novios! ¡Toas son unos, 
y cuanto más probes más fantasiosos!» 

«¡Pobre muchacha! dice él para su capote; hace un 
año que está esperando á que la dé un abrazo por sor¬ 
presa. .. pero ¡juro que no se alabará de ello! No, no 
la daré ocasión: ¡voto á sanes! tengo yo otras,.,.» 

¡Qué feliz es! 

La satisfacción personal, el amor propio satisfecho, 
la felicidad ilimitada, el optinismo absoluto, todo lo 
reúne él. 

Esas otras cosas que suelen afligirnos á los demás 
mortales: unas galletas de amor, un desaire de 
amistad, una cesantía imprevista, todas esas derrotas 
las convierte él en triunios 

Si no habla ya con Fulana, es porque la ha dejado; 
era demasiado alta, ó muy baja, ó coqueta,ó. .. cual¬ 
quier cosa; si no se trata con Mengano, es porque es 
informal, ó porque nc. quiere amistades con ciertas 
gentes; si no tiene empleo, es porque le dejó á causa 
de que no sirve para estar sujeto. 

¡Ah, señor sabio, señor moralista, ó señor organi¬ 
zador! Usted se quema las cejas, usted trasnocha, us¬ 
ted madruga, usted no vive ni reposa buscando el 
bien de sus semejantes; á veces encuentra usted ló 
I que buscaba, y no es usted feliz, sin embargo; y el 


Usted dispense 

Apabulla usté el sombrero 
del señor que está á su lado, 
y dice usted sofocado: 

«Dispense usted, caballero.» 

A veces, sin que lo piense, 
le revienta á alguno un pié, 
y entonces le dice usté: 
«Caballero, usted dispense». 

Para una broma pesada 
es el mas lindo acomodo; 
con el dispense no hay modo 
de dar una bofetada. 

Si se tiene una mujer 
y usted le dice una flor, 
y se muere usted de amor, 
como suple suceder, 
y si ella su dicha labra, 
todo inconveniente evita 
con decirle: «Señorita 
dispense usté, una palabra». 

Con los deudores no hay miedo 
de tener una cuestión; 
se dice de corazón: 

«Dispense usted, que no puedo». 

Si con inmensa alegría 
y sin temor de un fracaso 
apresura usted el paso, 
diciendo: «¡allí vá Garda!» 

y cruza la calle y llega, 
y con un tono de broma 
al señor le dice: «¡toma!» 
y por la espalda le pega, 


© Biblioteca Nacional de España 




CARAS Y CARETAS 


315 


fatuo entretanto no busca nada, todo lo tiene á mano 
y es el ser mas dichoso de la tierra. 


Cierto qne no se le puede resistir. ¿Y cómo? 
¿Puede estarse un momento á su lado sin que de|e 
de disparar un trozo de su propia apología.'' ¡Impo¬ 
sible! 

Si es empleado, ¡cuántas veces repetirá que es 
el brazo derecho de su jefe y que lleva el peso ae toda 
la oficina! 

Síes escritor, ¡qué de ofertas y peticiones recibe 
para que el haga tal ó cual cosa, á que se ha negado 
por no rebajarse! 

Si es músico, ¡le asedian los editores para que les 
escriba algo! ... pero ¿él escribir? ¡No (altaba mas! 

Si .es pintor, ¡está haciendo una cosa que va á 
dejar bizcos á sus colegas, que no saben en su ma¬ 
yoría lo que es color ni lo que es composición! 

Si es político, ¡qué fastidio! Le llaman en las cri¬ 
sis, le cousultan todos los proyectos, le ofrecen la 
representación de veinte departamentos, le piden re¬ 
comendaciones todos los ciudadanos, solicitan su 
apoyo todos los Ministros ... 

¡Ah! ¡El fatuo! ¡Quien pudiera alimentarse con ese 
manjar que él mismo se fabrica para su exclusivo 
mantenimiento, y que le hace crecer, engordar, de¬ 
sarrollarse y tomar esa apariencia de hombre impor¬ 
tante con que se presenta á los demás! 

Porque un fatuo es como una mujer flaca con for 
mas agradables. Quítele nsted á la mujer el polisson, 
la moñapo^tiza. el corsé nupcial, el carmín de Paris.... 
y ¿qué queda? 

Quítele usted asimismo al fatuo la osadía, el desca- 
ro,la inventiva, la presunción, y... ¿quedará algo mas 
que un necio ridiculo? 


¡Y á cuanta gente conoce! ¡Qué de personas trata, 
si se le cree! ¡Qué de relaciones tiene, si se le deja 
hablar! 

Lo mas floridito en todos los ramos del saber. 

Y para que le crean, se separa de lo común del 
vulgo al nombrar las notabilidades. ¡Nunca dirá el 
señor de Fulano, ni el señor Mengano, nunca! Siem¬ 
pre Pepe por acá, Julio por allá, Mariano por arriba, 
Antonio por abajo. Asi es que le pone á uno en el 
caso de preguntar quién es el Julio ó el Mariano, 
y el sombrero se escapa de la cabeza al oirle decir 
con desdén: «¡Herrera, hombre, Herrera!» ó ¿«.quién 
ha de ser? ¡Soler el Obispo!» 

¡Vamos, no sé como hav gentes que envidian la 
gloria de hombres eminentes habiendo en el mundo 
el envidiable tipo del fatuo! Porque este no tiene 
comparación con nada! ¡Que felicidad la suya! ¡Qué 
tranquilidad la de su espíritu! 


Todos esos adjetivos que con frecuencia encontra¬ 
rán ustedes en la prensa diaria, todos son propiedad 
exclusiva del fatuo. 

El acreditado , el conocido, el reputado , el popular, el 
ingenioso.... todo eso es suyo; son sus propiedades, 
sus feudos, sus posesiones 

Y es que la prensa es uno de los primeros elementos 
necesarios á este tipo. Qiizas pudiera vivir sin aire; 
pero sin prensa, sin periódicos, sin amigos redactores 
y benévolos no podría vivir. 

Por eso el fatuo nos dice un dia que contrae matri¬ 
monio con la bellísima señorita X. Ya sabe él (debe 
por lo menos saberlo) que no nos importa nada; debe 
saber que de los diez mil lectores de aquella noticia, 
no llegarán á diez los que exclamen: «¡Hombre! 
¿conque Fulano se casar» Pero precisamente para 
aquellos diez es para quien él se exhibe en las co¬ 
lumnas de un periódic o, acompañado de su futura 
mitad, porque luego, andando el tiempo, se encuentra 
á uno de esos diez á cuyas manos no llegó el impreso, 
y «¿Conque dice usted que se ha casado?—Sí, hom¬ 
bre, ¡si todo el mundo lo sabe! ¡Si lo dijo El Rábano 
noticioso! —¿Si? Pues no me acuerdo de haber leído...» 

Y cuando va á Buenos Aires, nos lo dice también, y 
cuando no vá, también nos anuncia que va, para que no 
estemos en la creencia de que no viaja, como si esto 
fuera para nosotros cuestión de vida ó muerte. 

Y ¡poquito que goza él con ver impreso su nombre, 
y con verse reproducido en cientos de ejemplares, y 
metido en paquetes, y trasportado por los correos!... 

En fin, ¿que mas puedo decir á ustedes? Murió una 
vez un amigo mió, fatuo de profesión, con su nombra¬ 
miento y todo, y entre las cartas y papeles que dejó 
había una esquela, dirigida al redactor de un perió¬ 
dico, pidiéndole que insertara, en cuanto supiera su 
muerte, un suelto que le acompañaba, y que empe¬ 
zaba diciendo: 

«Ayer falleció en esta ciudad, víctima de una penosa 
dolencia que le acosaba, el acreditado joven don M. 
de N. La literatura patria ha perdido uno de sus mas 
esclarecidos hombres; la ciencia uno de sus preclaros 
hijos; la sociedad uno desús ...» 

En fin, ¡con decir que era talabartero! 


¡Oh fatuo! ¡Oh poülla social! ¡Oh excrecencia hu¬ 
mana! Como á hombre, te desprecio; como a fatuo, 
te saco á la vergüenza pública para que de tí se rían 
las gentes. 

M. M. 



En los carteles que anunciaban, la función que se 
dió ayer en el Politeama, se leia lo siguiente, im¬ 
preso en grandes caractéres: 

Segundo debut de los músicos excéntricos 
Es claro; el que redactó el programa se dijo: «;No 
nombraron par3 la inspección de Instrucción Públi¬ 
ca á uno que no sabe ortografía? ¡pues hagamos mé¬ 
ritos! 


La prensa reproduce esta noticia, tomada de un 
diario aleman: 

«Un químico empleado del Gobierno, ha inventado 
un procedimiento que tiene por objeto conservar la 
carne por medio de la electricidad. Experimentos en 
pequeña escala le han dado un resultado muy satis¬ 
factorio.» 

Quedan avisados don Máximo Tajes, Echevarría, 
Zaballa y demás flacos públicos y privados. 

Apersónense al químico aleman para ver de con¬ 
servar la poca carne que les queda. 

En cuanto á Peña, Granada y otras bordalesas polí¬ 
ticas semejantes, con la banca tienen por ahora bas¬ 
tante preservativo contra la corrupción carnívora. 

Perdió Juana á su esposo, 
hombre guapo, formal y cariñoso 
y tanto Juana á su dolor se entrega, 
que de puro llorar se quedó ciega. 

¡Dios consuela al que llora!... 

Y sino que lo diga esta señora. 

En un exámen de ortografía: 

Maestro—Joven, hágame V. el favor de decirme 
como se escribe durazno. 

Discípulo—Durazno se escribe con adíe. 

Maestro—Bárbaro! Y dónde colocará V. la ache! 

Discípulo—Toma! En el hueso. 

De un diario: 

«La Jefatura de San José ha remitido á esta capi¬ 
tal para ser puesto á disposición del Juez, á un sujeto 
autor de varios hecho de esta clase.» 

¿De cuál? ¡Como no sea autor de varias personas 
de la clase de jueces, no adivinamos de lo que es autor 
el detenido. 

Del diario que llamaba barbaros á los perros: 

«El dueño de un carro, del que se estaban descar- 

ando ayer varios bultos en la calle Uruguay, tuvo la 

esgracia de recibir un par de coces». 

Si seria suelto de patas el tal carrito ¿eh? 

Pues señor, estos gacetilleros son el demonio para 
ver cosas raras. 


El joven don Acisclo Ballesteros, 
por tema, por capricho ó por costumbre, 
todas las noches se acostaba en cueros. 

Y el joven don Tiburcio Testafrita, 

por costumbre, por tema ó por capricho, 
se acostaba calzado y con levita. 

Cada prójimo hace 

lo que más le conviene ó más le place; 
pero el hombre elegante y distinguido 
no se acuesta desnudo.... ni vestido. 

• • 

En el Zig-Zag del número anterior se deslizó un 
error tipográfico por el cual una preposición se vió en 
el duro trance de tenerse que presentar como verbo. 

Hacemos notar esta distracción de los cajistas para 
que no se crea que en la crónica de la semana pasa¬ 
da colaboró. ese. 

• 

• ■ 

Un rey perteneciente á los Borbor.es 
Se acostaba á dormir en dos colchones. 

Y un humilde vecino del Cordon 

Se acostaba á dormir en un colchón. 

Esto prueba, lector, aunque te rías, 

Que el dormir no establece gerarquías. 

Colmos: 

El de la Geometría—Tirar líneas con una regla de 
conducta ó trazar un circulo con un compás ae es¬ 
pera. 

F.I de la religiosidad—Retirarse al claustro ma¬ 
terno 

El de la beneficencia—Abrigar una esperanza 

F.I de la ventilación—Refrescar la memoria 

El del oscurantismo—Un negro vestido de cura, 

El de la cerrajería— Abrir la Puerta Otomana con 
una llave de sol. 

Por seguir Pedro Antonio á una soltera 
recibió una paliza de primera. 

Por hablarle á una viuda, una pedrada. 

Y un tiro, por mirar á una casada. 

¡No hay estado que no enrede el demonio, 
como el galan se llame Pedro Antonio! 

• 

• • 

Recorte: 

«Está detenido en la Jefatura para ser puesto á 
disposición del Juez Correccional, un individuo acu¬ 
sado de haber golpeado á su suegra doña Filomena 
Bocalandro.» 

No nos parece la prisión castigo adecuado á la fal¬ 
ta. La mayor pena para uno que se lleva mal con su 
suegra es no separarle de ella. 

Lector: Odia el delito y compadece al delincuente . 

cuando es yerno. 



S. T. R.—Salto. 

«En la verde enramada 
el débil chlngalillo pía y pia 
saludando al astro que alumbra el día 
y que en el cielo pinta la alborada.» 

¡No cabe mas dulzura....ni cabeza mas dura! 

Parásito.—San Eugenio—está eserito con facilidad v 
con no mala frase, oero no tiene el chiste que fuera de 
desear. Ensaye oirá vez y mándelo, ¡no olvidándose, por 
supuesto de tos chistes! 

recia—Independencia—O no ha dado V. en la cosa de 
su nombre ó está V. muy desafinada,. 

Zarandillo—Rivera—Francamente 
si hacer cosas mejores no procura, 
los milagros de usté en literatura 
dej a que me los claven en la frente. 

P. C.—Lascano-Hasta el juéves no podrá V. tener los 
ejemplares que pide. No me habla V. nada de dinero 
en sn carta y eso me tiene alarmado. 

Ouila— Colonia—En las vidrieras de la Confitería de 
Rnletti está expuesto un zapallo que no será menor que 
la cabeza de usted. (Para la primera vez que me man¬ 
da versos me parece qne no queda mal servido.) 

Oelageligelo— Palmira— Parece que hubiera V. hecho 
los epigramas en una alcantarilla. ¡Pnach! 

B. M.—Minas—Tuve el honor de decirle en otra oca 
slon que no servia V. para estas cosas. 

Un bachilla —San José. 

¿Un bachiller? No señor; 
veo por sus poesías, 
que en punto á majaderías 
es usted todo un doctor. 

Arabl-Pachá—Montevideo—Hemos publicado yá mu¬ 
chas incongruencias y no conviene abusar dé la pa¬ 
ciencia del lector con trabajos de ese género. Le veo á 
V. chispa y soltura para versificar. Elija otro tema 
que no esté tan gastado. 

Hit— Montevideo—Es verdad que se lo ofrecí á V; pero 
leyéndolos mas detenidamente he visto que son de pro¬ 
cedencia anodina, como los que me ha mandado esta 
semana Por lo visto en los mandamientos que V. apren¬ 
dió no existia el 7.“. 

¡Tenga cuidado con Quljano, porque no transige con 
que nadie se apodere de lo ageno! 

Leai —Montevideo—¡Qué letra mas chiquitiia! ¡Y que 
pamplinitas escribe usted mas bonitas! 

Conste que no hice de ellas el uso que V. me autori¬ 
zaba á hacer. 

Bromazo— Montevideo. 

Mire usted, señor Bromazo 
al que se atreva á elogiarle 
después de este macanazo, 
soy capaz de reve atarle 
un ojo de un puñetazo. 


ESPECT ÁCULOS PASA HOY 

Teatro Soli»-El grandioso drama de Glacommetti 
MARIA ANTONIETTA. 

Teatro San Felipe-La zarzuela en 3 actos EL 
SALTO DEL P ASI EGO. 

i\ nevo Politeama-Compañia Ecuestre, Gimnástica; 
Acrobática y de oramas Criollos Podestá ScoTTi-Por la 
38- JUAN MURKIRA. 


© Biblioteca Nacional de España 






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porque Sienra, en su Bazar, 
nunca tuvo nada malo. 


Su martillo ha demostrado 
que, de todos los que hay, 
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pues con di ha rematado 
la mitad del Uruguay. 


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que en la casa de Orejuela 
no existe el vino mejor, 
le puedes decir, lector, 
que se lo cuente a su abuela 


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11 18 DE JULIO NUM. 5 

Nadie & pelar le aventaja, 
y afeitando es tan artista, 
que al liio de su navaja 
no hay pelo que se resista. 


Zabala 154 

Llevó el martillo á Maeso, 
en campaña provechosa 
y no les digo otra cosa, 
porque es bastante con eso. 


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De su martillo al Influjo 
todo el Uruguay entero 
tiene por poco dinero 
casa amueblada con lujo. 


Cámaras 133 

En esta casa se fia 
á todo bicho vivieDte, 
con un interés prudente. 
(Y prudente garantía). 


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18 de Julio núm. 7 

Por mas que lo crean guasa 
se tiene como muy cierto, 
que los vinos de esta casa 
hacen revivir & nn muerto. 


Desde la princesa altiva 
á la que pesca en ruin barca 
todo, este libro, lo abarca. ' 
¡Habrá quien no se suscriba 
por el precio que se marca? 


Mercedes (r. o.)¡ 

Centro para suscricion 


Trolnta y Tres 216 

El que rije La Industrial 
es, como saben, señores, 
el Capitán General, 
de nuestros rematadores. 


taller de encuadernación, 
¡y además papelería. 

¡Casi nn Larousse en ac< 


Oficina: 18 de Julio 148 


ENDOZAÍARIBA 


26 de Mayo y Treinta y Trei 

Mas de mil personas hay 
que están en el Uruguay 
viviendo como magnates, 
con las rifas y remates 
de Mendoza Garibay. 


Buenos Airos frente á Solis 

Nunca dijerir podrá 
con facilidad usté, 
sino toma del café 
que sirve el Tup¡-Namb&. 


Asunción ( Aguada ) 

Me comprometo á probar 
que mejor que esta cerveza 
no la ha tomado Sn Alteza, 
el Principe de Blsmar. 


Dentistas Norte-americanos 

cámaras 163 
Gracias á lo» especiales 
estudios de Prince é HUI, 
pueden comer mas de mil 
con sus dientes naturales 


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© Biblioteca Nacional de España 


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